Mes: noviembre 2016

Una epidemia de violencia contra media humanidad

Una epidemia de violencia contra media humanidad

Cada 10 minutos un hombre mata a una mujer que es o fue su pareja en algún punto del planeta, según datos de la ONU. Es la intolerable punta del iceberg de la violencia de género, una realidad cotidiana en todo el mundo. La violencia contra las mujeres, la mitad de la población, ha adquirido dimensiones de una pandemia de efectos devastadores, en un mundo en el que una de cada tres ha padecido violencia física o sexual y donde 200 millones de niñas han sufrido mutilación genital.

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A Lucía, de 16 años, la drogaron y violaron hasta la muerte dos hombres en Argentina. A la paquistaní Qandeel, de 25 años, la estranguló su hermano, que creía que la mujer, toda una celebridad en su país por compartir en las redes sociales imágenes y mensajes sugerentes, era un deshonor para la familia. A la española Juani, la asesinó su marido a hachazos pese a que tenía una orden de alejamiento contra él. Son solo tres de los rostros de la violencia contra la mujer en 2016. Un problema global y multiforme que no solo es una grave vulneración de los derechos humanos, sino que también supone un importante problema de salud pública, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Pese al goteo de casos y las cifras —50.000 asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas, según el último informe de la oficina de Naciones Unidas contra la droga y el crimen—, todavía hay países, como Rusia, Irán o Egipto, que no tienen leyes específicas para combatir el problema. Y en la mayor parte del mundo, la violencia de género, en todas sus variantes, se considera algo que ellas tienen que silenciar o arreglar en casa. En 32 países, no se juzga a los violadores si, por ejemplo, están casados con la agredida o si se casan después con ella.

Y a pesar de que el matrimonio infantil se considera una de las formas de violencia contra la mujer, explica Juncal Plazaola, experta políticas de eliminación de la violencia de ONU Mujeres, este sigue siendo un hecho ampliamente extendido en más de la mitad de los países del mundo y algunos, como Turquía, debaten rebajar la edad de consentimiento sexual a los 12 años. Es difícil dar una cifra de las niñas-novia, pero según la ONU, más de 700 millones de mujeres que viven hoy en día se casaron siendo niñas. Niñas que normalmente han puesto fin a su educación y que tienen un riesgo mucho mayor de sufrir violencia por parte de su compañero, según diversos estudios.

En otros lugares, como Egipto o Sudán, país donde la prevalencia de la barbarie de la mutilación genital femenina es del 98%, la mayoría de la población sigue considerando esta práctica parte de una tradición que no hay razones para combatir.

El acoso —que han experimentado el 43% de las europeas—, la ablación, la trata, la violencia sexual son la expresión extrema de la desigualdad. “Estamos hablando de un problema gravísimo y mundial, que tiene sus raíces en los pensamientos y comportamientos machistas”, apunta el forense Miguel Lorente, director de la unidad de Igualdad de la Universidad de Granada.

En Latinoamérica y el Caribe, por ejemplo, donde sólo en los últimos años están avanzando las leyes contra los feminicidios, las cifras son desgarradoras. En sus 25 países, se producen casi 2.100 asesinatos de mujeres al año por razón de género, al menos 12 cada día, según los últimos datos (de octubre) de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Noticia de El País 

La generosidad desborda el colegio de Salamanca

La generosidad desborda el colegio de Salamanca

Un año más, las familias, alumnos y profesores del Colegio Sagrado Corazón se han volcado en el tradicional Pincho Solidario. Con esta actividad buscamos sensibilizarnos y comprometernos con aquellos que tienen menos posibilidades que nosotros y recaudar dinero para el Proyecto Solidario de FASFI.

La semana ha estado repleta de gestos y acciones generosas: generosidad de toda la comunidad educativa al realizar pinchos para venderlos; generosidad de los Delegados de Acción Evangelizadora preparando la venta y vendiendo en el recreo; generosidad de los alumnos comprando pinchos y por supuesto generosidad del Equipo de Compromiso Social que ha llevado a cabo esta actividad con entusiasmo y cuidando muchos detalles para que hubiera una buena organización. Nos sentimos orgullosos de cómo nuestro Colegio CRECE en generosidad y solidaridad.

MUCHAS GRACIAS.

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Acceso a saneamiento adecuado: básico, pero no sencillo

Acceso a saneamiento adecuado: básico, pero no sencillo

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La comunidad internacional ha reconocido que el acceso al saneamiento básico es un elemento indispensable para conseguir la erradicación de la pobreza y mejorar los índices de desarrollo humano. Lograrlo es más complejo de lo que parece. La realidad es que, si bien se han hecho esfuerzos en todo el mundo para reducir a la mitad las personas que en el año 1990 no tenían acceso a una instalación de saneamiento mejorado, la meta de saneamiento fijada en los Objetivos de Desarrollo del Milenio no se ha alcanzado por casi 700 millones de personas. En la actualidad, 2.400 millones de personas siguen sin poder cubrir sus necesidades más básicas de saneamiento de una forma digna. De ellas, 946 millones carecen de cualquier tipo de instalación y no tiene otra alternativa que defecar a diario al aire libre.

El primer paso ya está dado. La comunidad internacional, representada por la Asamblea General de Naciones Unidas junto con todos sus expertos sectoriales, han reconocido la necesidad de colocar el saneamiento en un lugar destacado de la Agenda del Desarrollo Sostenible, aprobando una meta específica, la 6.2, que exhorta a los gobiernos, a la iniciativa privada y a la sociedad en general a «lograr el acceso equitativo a servicios de saneamiento e higiene adecuados para todos y poner fin a la defecación al aire libre, prestando especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas y las personas en situaciones vulnerables».

Esta meta viene a reconocer el efecto nocivo de no tratar los excrementos humanos y las aguas servidas de forma segura, no sólo en la propagación de enfermedades sino también en la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas, en la escolarización especialmente de las niñas después de la pubertad, en la reducción de la malnutrición o en la seguridad ante el riesgo de una exposición constante a ataques de animales o violaciones cuando no se tiene una instalación cerca del hogar, la escuela o el centro de trabajo.

¿Y porqué resulta tan complejo mejorar las tasas de cobertura y los niveles de servicio en materia de saneamiento básico?. Si está tan clara su vinculación con el disfrute de otros derechos humanos (salud, educación, alimentación, igualdad de género,…) ¿cuáles son las barreras para su realización?

Sigue leyendo en El País 

Adhesión al Movimiento Global por un Tratado Vinculante para la defensa de los DDHH

Adhesión al Movimiento Global por un Tratado Vinculante para la defensa de los DDHH

REDES, plataforma a la que pertenece FASFI, se ha adherido a la reciente declaración del Movimiento Global por un Tratado Vinculante para la defensa de los Derechos Humanos frente al abuso de las Empresas Transnacionales en el marco de las Naciones Unidas.

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En la semana del 24 al 28 de octubre tuvo lugar en la sala XX del Palacio de las Naciones, la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Ginebra, la segunda sesión del Grupo de Trabajo intergubernamental de composición abierta para la elaboración de un instrumento internacional, jurídicamente vinculante, sobre empresas transnacionales y otras empresas comerciales en materia de derechos humanos.

Este Grupo de Trabajo está en marcha desde que se aprobó, en junio de 2014, la histórica resolución A/HRC/26/9, que pone fin a cuatro décadas de intentos infructuosos de iniciar dentro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU una discusión para construir un instrumento jurídico vinculante sobre transnacionales en materia de derechos humanos. Reconociéndose así reivindicaciones de comunidades afectadas en todo el mundo.

Hasta ahora, la autorregulación y las guías voluntarias, como la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), y los principios rectores de Ruggie, aprobados estos últimos por el Consejo de Derechos Humanos en 2011 y en proceso de implementación, se consideraban suficientes para tratar las violaciones de derechos humanos cometidas por las transnacionales. Algunos van más allá. “¿Por qué definiría los tratados de inversión como una forma de protección de los derechos humanos? Bien, lo son en la medida en que protegen a los inversores particulares, es decir, la propiedad de seres humanos particulares”. Así se expresaba, ante el estupor general, Ariel Meyerstein, del Consejo de Estados Unidos para el Comercio Internacional (USCIB), tratando de argumentar en la sala XX por qué no es necesario el tratado en discusión. Meyerstein hacía frente común con la Organización Internacional de Empleadores (OIE) y la Cámara de Comercio Internacional (ICC), –dos de las organizaciones empresariales más grandes del mundo–,  y la propia Unión Europea (UE).

Puedes leer la noticia completa pinchando aquí 

El presente texto de la declaración podéis leerlo en este enlace. 

Homenaje a Giulia Tamayo

Homenaje a Giulia Tamayo

El próximo 18 de noviembre tendrá lugar,  a las 18:30, en el Palacio de Aiete (Casa de la Paz y DD.HH.), San Sebastián, el homenaje póstumo a Giulia Tamayo, activista por los Derechos Humanos.

El encuentro está organizado por Amnistía Internacional, y patrocinado por el Ayuntamiento de Donostia y FASFI.

El evento está abierto a todas aquellas personas que deseen asistir. ¡Animaos!

Más información en el blog de FASFI Euskadi 

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Día de la Acogida 2016

Día de la Acogida 2016

El pasado sábado 5 de noviembre celebramos como cada año «la acogida» de voluntarios/as. Tras exponer sus experiencias, Silvia Rozas FI dinamizó un debate sobre el qué hacer ahora aquí. 

Os dejamos unas palabras de Anna y Gloria sobre la celebración del encuentro.

«Nos hemos encontrado en Madrid los voluntarios que este año hemos tenido la suerte de viajar a República Dominicana y Bolivia a través de la fundación de las Hijas de Jesús FASFI.

Llovía, pero… ¡qué más da!! La calidez de la acogida pudo más. Vinimos para compartir nuestras vivencias del voluntariado realizado durante el verano:   porqué fuimos,  qué vivimos y cómo está siendo nuestro regreso a la cotidianidad.

Marta Zaballos, Marta Camuña, Pilar Segovia y Gloria Calzada viajamos a República Dominicana, al Valle de Elías Piña; y Enrique Turrión, Helena y Anna Jové estuvimos en Buen Retiro (Capinota-Bolivia). Todos expresamos nuestra emoción al recordar lo vivido durante uno o varios meses en tierras hambrientas de más justicia y donde queda aún mucho por hacer. La acogida que te brindan sus gentes deja huella en el corazón de cada voluntario/a cambiando nuestra percepción del mundo.

Y ahora partimos a nuestras casas con el compromiso de continuar colaborando en nuestras comunidades locales, en favor de los más necesitados.

Damos las gracias a las Hijas de Jesús por su presencia y acogida, por su gran labor humana y evangélica.»

Gloria y Anna

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La historia de Babakar: sangre inocente que clama justicia

La historia de Babakar: sangre inocente que clama justicia

(Pedro García Casas, capellán del CIE de Murcia).- Como capellán del CIE de Murcia,me siento poderosamente interpelado, por todos los acontecimientos que se están viviendo y saliendo a la luz pública en los últimos días: fugas, golpes, críticas, racismo, xenofobia, manifestaciones, debates demasiado acalorados, etc.

Como ciudadano y como capellán de prisiones (un lujo éstas en comparación con el CIE) es mucho lo que tendría que decir en conciencia, denunciando el gran «vacío legal» que se da en estos; la «vulneración de ciertos derechos humanos»; «el menoscabo, quebranto y deterioro de la dignidad personal»; «la injusta criminalización de quienes sólo han cometido una falta administrativa»; o «las estructuras de pecado» que permiten y «normalizan» estos infiernos donde el fuego llameante es el continuo sinsentido y la «incertidumbre» de no saber si habrá un final «feliz».

Sin embargo, optamos no por argüir sobre ideas o conceptos, sino que, dado que la persona se revela a sí misma en la «epifanía del rostro», nos permitimos la licencia de sacar del anonimato la vida de uno de ellos, alguien a quien pudimos conocer bien. De este modo, desde esta existencia desplegada e interpelante, acercándonos a sus «circunstancias» aclaratorias, podremos dejar que nuestra conciencia se ilumine y nos interpele para saber qué hacer ante estos hermanos nuestros que siguen siendo el mismo Cristo entre nosotros, reclamando ayuda y pidiendo auxilio, especialmente de aquellos que desean ser sus amigos.

Nos acercamos pues, a la vida de Babakar (pseudónimo), un africano de unos 24 años, de nacionalidad marfileña, quien hace unos años emprendió su éxodo hacia la «paradisiaca» tierra europea. El motivo fundamental de este fatigoso y casi furtivo viaje no era sino el hambre, la insalubridad, la falta de recursos necesarios para vivir y la corrupción alarmante de su país, entre otros muchos motivos. Su entrada en el CIE era reciente, la policía le había capturado en la calle por no tener «papeles» y tenía tan sólo 60 días para «encerrado» en lo que se denomina «la fosa» (palabra muy ajustada a lo que allí se vive), buscar un abogado de oficio y hacer todos los recursos posibles para poder quedarse en España; si en 60 días no conseguía demostrar nada a su favor: arraigo familiar, contrato de trabajo, etc., entonces, tenía los días contados para volver al «abismo» desde donde partió, pero esta vez con un agravante, la angustia del camino recorrido y el sabor amargo de haber paladeado una Europa «rica» en recursos pero «insolidaria» con el necesitado, con el extranjero.

Entramos al CIE y nos acompaña la Policía Nacional (algunos de ellos) con mascarillas, guantes y porras en mano, abren la puerta metálica del «foso» y dejando un pequeño espacio, ya que una gruesa cadena impide que se pueda abrir del todo (medidas preventivas para que no se escapen), entro de lado y con cierta dificultad a la fosa. Allí, observo con espanto y horror a unas ochenta personas procedentes de varios países, la mayoría africanos. Todos se encuentran hacinados en el mismo espacio; el lugar es totalmente inhóspito y lúgubre, huele mal y las paredes están llenas de garabatos en francés, árabe y español.

Los «presos» (ya que, aunque no lo sean así se sienten) son todos irregulares, la mayoría son recién llegados en patera a las costas españolas, que desde otro CIE han sido enviados a Murcia, a la espera de su muy probable repatriación.

Quedamos asombrados de que en este lugar el trato sea peor, más duro, humillante y denigrante que en las prisiones de la Región de Murcia, las cuales conocemos de primera mano. En sus pupilas se ve reflejada la marca del sufrimiento, sus caras están demacradas, la mayoría desnutridos; varios de ellos, llevan las marcas de las concertinas de las vallas de Melilla, en las cuales se han dejado la piel quedándoles secuelas de por vida y no sólo a nivel físico cuya evidencia es cruelmente patente.

Nos aproximamos a Babakar, a quien conocemos ya de haber hablado unas cuantas veces con él. Controla con cierta soltura el español y nos disponemos a adentrarnos en su «vivencia personal». Le encontramos muy mal anímicamente, con tristeza, cólera y desesperación, aun así, se alegra de que estemos dentro con él y que queramos escucharle. Intentamos reproducir sus palabras, con la dificultad que entraña, pero lo más fielmente posible:

«Mi familia es muy pobre, yo tuve que trabajar muy duro para conseguir unos mil euros, pedí que me ayudaran algunos familiares y cuando lo pude conseguir el dinero, me puse en marcha, sin decirle nada a mi familia para que no se preocuparan. Una noche salimos de mi país y nos dirigimos a Marruecos, el camino fue muy duro, mucho tiempo caminando por el desierto… Cuando llegamos a Marruecos todo fue peor, había muchos compatriotas que llevaban años esperando para poder salir, habían sido estafados la mayoría de ellos, ya que habían pagado y la noche en la que se disponían a salir, no le permitían entrar en la patera por falta de espacio, o porque salían otro día distinto al que le habían dicho, o porque el comerciante después de acumular una buena suma de dinero, desapareció para siempre… La vida en Marruecos para nosotros no fue nada fácil, pasamos mucha hambre, y tampoco quería llamar a mi familia para que no se preocuparan. Mi intención era llamar desde España.

Todos los días miraba el mar, soñaba con llegar a Europa, sabía que algún día lo conseguiría.

Llegó el día en el que nos avisaron que saldríamos. Nos escondimos entre las rocas, cerca del mar, para salir por la noche a la hora señalada, había dos pateras preparadas, y éramos cerca de unos cien, por lo que en cada patera subimos unos cincuenta, la otra patera parecía más pequeña, la nuestra más vieja. No lo pensamos y nos lanzamos llenos de esperanza al mar, por fin había llegado el último viaje… No sopesemos en ese momento el riesgo, sabíamos que podíamos morir en el intento, pero sólo teníamos una meta: llegar a España y salir por siempre del infierno en el que estábamos.

El viaje fue muy duro, no teníamos espacio para movernos, y cuando alguien necesitaba hacer sus necesidades tenía que ponerse en la parte de atrás de la patera pasando por encima de los demás. Hacía frío, muchas olas, teníamos hambre y cada minuto era interminable. El viaje cada vez era más duro, el viento movía mucho la patera… De pronto veíamos a los compañeros de la otra patera gritando, no sabíamos qué pasaba… gritaban muy fuerte… luego les vimos que estaban sacando agua de dentro de la patera desesperadamente, se estaba rompiendo su patera… nosotros estábamos angustiados, allí iban amigos míos; muy pronto contemplamos algo muy duro, su patera se rompió y desapreció en el mar y todos ellos murieron ahogados (solloza y hace un silencio sonoro y muy incómodo).

Nosotros no pudimos hacer nada, creíamos que nosotros seríamos los siguientes… Estábamos llenos de miedo, con nosotros había unas mujeres que parecían como locas, y otros se desmayaron, el jefe de la patera mandó que los lanzaran al mar si no queríamos morir todos, no podíamos hacer eso… no estaba bien hacer eso. Aunque era verdad que nos hundíamos también nosotros. Todos íbamos a morir. Pero muy rápido el compañero del jefe de la patera, se acercó muy enfadado y nos quitó de encima y echó al que se había mareado al mar y también a una mujer… (aquí Babakar llora amargamente, se le hace un nudo en la garganta y permanecemos en silencio, no queremos forzar la conversación, no obstante, tras limpiarse las lágrimas continúa) Aquello fue muy duro, ¿sabes?, yo no creía que ya pudiera vivir, de hecho, no tenía ganas de vivir después de aquello. Me avergonzaba de no haber hecho nada para impedirlo, de vivir yo y ellos no…

Tras muchas horas en la patera, donde nadie hablaba, sólo rezábamos… un barco grande se veía a lo lejos, nos alumbró con una gran luz… y nosotros hicimos señales con la ropa pidiendo auxilio. Eran unos pescadores, se acercaron a nosotros y a los que quedábamos nos subieron a su embarcación, allí nos dieron de beber, algo de comer y nos acercaron a la costa, tierra española. Aún recuerdo que, al llegar, me tiré al suelo dando gracias a Dios, no me creía que estuviera en España… después de lo que había pasado aquello parecía un sueño. Aquellos hombres nos ayudaron mucho, también la Cruz Roja, había gente buena también. Más tarde la Guardia Civil nos llevó a un Centro y al poco tiempo nos dejaron a un grupo en libertad en medio de un jardín y nos dijeron «buscaros la vida».

No me lo creía, estaba muy feliz. Pero, pronto empezó a complicarse todo.

Continuamente tenía que huir de la misma policía por no tener papeles. Nadie me daba un pre-contrato para regularizar mi situación. Tuve que comprar uno por mil euros y luego me estafaron. Tuve que trabajar en el campo en los trabajos que nadie quería, a veces a tres euros la hora, pero era mejor que nada, además si yo decía que no había mucha gente esperando… Cuando no me pagaba o se aprovechaban de mí no me podía quejar a nadie porque era un «sin papeles» lo que significaba ser «nada», significa que «no vales». Pronto me di cuenta que este paraíso era como si estuviera envenenado (…).

Lo peor que me ha podido pasar es que la policía me capturara y me trajeran aquí. Ahora me he enterado que puede que pronto me repatrien… y sinceramente prefiero morir antes que volver a mi tierra…»

Unas semanas después acudimos nuevamente al CIE y nos encontramos a todo el mundo «alarmado», un interno había sido extraído del «foso» y se encontraba en la enfermería por haberse cortado con una cuchilla en los brazos, y a lo largo y ancho de todo el torso. Nos acercamos con cautela, y descubrimos que se trata de Babakar.

Esa tarde sobre las 16.30 salía el avión que le llevaba de vuelta a su país, y él, en el colmo de la desesperación, se había cortado para que le llevaran al hospital y no salir en ese avión. Pronto llegó la ambulancia, y el médico, con frialdad y sin temblarle la voz, dijo: «coserle tan pronto como podáis y meterlo como sea al avión, que éste no se queda aquí».

Aquellas palabras se clavaron como un puñal en el corazón. Babakar se fue en la ambulancia y nunca más volvimos a saber de él. Quedamos allí, desesperados viendo cómo las limpiadoras asustadas y llenas de pavor limpiaban la sangre que manchaba lo largo de todo el pasillo. ¡Sangre inocente que clamaba justicia!

Ante este hecho, uno de muchos otros muy similares, termino con dos preguntas que me hago en voz alta: ¿Si fueras tú Babakar cómo te gustaría haber sido tratado? Como consecuencia y en conciencia ¿qué acciones concretas (aunque sean minúsculas) crees que debes llevar a cabo por los muchos «Babakar» que siguen clamando y esperando la verdadera «tierra de promisión»? Gracias.